El despacho, un lugar peligroso
A Mateo siempre le había gustado su despacho. Desde allí, en el piso más
alto de la fábrica, las cifras parecían alinearse como soldados obedientes:
ventas al alza, devoluciones mínimas, productividad estable. Cada mañana
recorría con el dedo las gráficas de colores como quien acaricia un mapa del
tesoro.
Pero una tarde, mientras observaba un indicador especialmente brillante,
escuchó un golpe seco en la puerta. Era Lara, la encargada del almacén.
—Mateo, creo que deberías venir a ver algo —dijo con un gesto incómodo.
Él dudó. Desde su despacho, todo estaba claro; ¿qué podía haber allá abajo
que no mostraran los números? Finalmente, bajó las escaleras.
La realidad lo sacudió antes de llegar al primer piso: cajas acumuladas sin
registrar, máquinas paradas por falta de mantenimiento, y empleados resolviendo
problemas con improvisaciones ingeniosas… pero insostenibles. Nada de eso
estaba en sus informes. Ninguna gráfica hablaba del olor a metal quemado ni del
cansancio en los ojos de su equipo.
Entendió entonces que su despacho, con sus pantallas y proyecciones, era un
lugar cómodo… y por eso mismo, peligroso. Desde ahí se veía el mundo filtrado,
ordenado, maquillado. Pero no se veía la verdad.
—¿Cómo no me avisaron? —preguntó, aturdido.
—Lo hicimos —respondió Lara—, pero las alertas no suenan igual desde aquí
abajo.
Ese día Mateo cambió su rutina. Decidió recorrer la fábrica cada mañana,
escuchar antes de interpretar, observar antes de concluir. Descubrió fallos
invisibles en los indicadores… y también oportunidades que ninguna hoja de
cálculo habría podido mostrarle.
Y comprendió algo esencial: los datos cuentan una
historia; la realidad, otra. Solo acercándose a ambas podía dirigir de verdad
su negocio.
Reflexión
No hay nada como pisar la calle (la
fábrica, las tiendas, el proceso, la actitud de los clientes, empleados,
proveedores, competencia, etc.), observar lo que te rodea, bajar al mundo
real, eso si con espíritu de aprendizaje, para que
independientemente de a lo que te dediques recibir un constante bombardeo “de
realidades” con las que contrastar muchas de las teorías que damos por buenas.
Recomiendo encarecidamente, instaurar este ejercicio periódicamente en tu empresa (indistintamente del tamaño de la misma) y además hacerlo junto con los que intervienen en cada uno de esos procesos, si es el caso.
En la medida de lo posible, sin conocimiento previo por parte de los responsables. Queremos ver la realidad tal como es, no una realidad endulzada.
Todos conocemos aquella máxima, “de que lo que no se mide no se mejora”, cierto pero ojo, que los indicadores de ventas, margen, beneficio, número de clientes, etc. solo muestran una parte de la realidad e incluso a veces no es la realidad. Acordémonos siempre de que “el papel es muy sufrido”.
He tenido la suerte de desarrollar mi etapa profesional en empresas que ponían está medida en práctica, y os puedo asegurar que este ejercicio daba más luz, que los innumerables indicadores de resultados con lo que contábamos. Por supuesto necesarios.
Ni que decir tiene, que practicas del tipo “customer experience, dinámicas de grupo, análisis de mercado, etc.” van a ayudar, pero mi recomendación es que además, perdón corrijo, que inexcusablemente seas tú, junto con tu equipo, el que primero lo haga.
¿Cuándo fue, la última vez que “viviste” el proceso de tu negocio, de principio a fin?
Incluso si te va muy bien, cuantas
posibilidades de mejora estas pasando por alto, para que te vaya mejor.
Es un gran error, pensar que ese no es tu trabajo, que para eso están otras partes de la empresa (control de gestión, auditorio, responsable de área, servicio, centro, etc.)
El objetivo de este post, es simplemente poner de manifiesto lo cerca que tenemos a través de la observación las posibilidades de mejora. El despacho es un lugar muy peligroso desde donde observar el mundo.

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